Concierto
a beneficio del Collegium Musicum
Diario Clarín (Arg.)23 -08 -
2000
Les
Luthiers y la Camerata Bariloche, juntos por primera vez.
Fue en el Teatro
Colón, a sala llena
* Tocaron varias piezas en conjunto
* El
concierto fue para ayudar al Collegium a remontar su crisis financiera
*
Miembros de los dos grupos son ex alumnos de la institución
Sibila
Camps
Autoconvocados por la solidaridad con el Collegium Musicum, la Camerata
Bariloche y Les Luthiers protagonizaron el lunes, en el Teatro Colón,
un concierto tan atípico como alegre. Bajo el título Do-Re-Mi-Já.
Por humor al arte, Bach, Mozart, Bartók, Piazzolla y el inefable Johann
Sebastian Mastropiero levantaron aplausos y carcajadas en una sala colmada,
que se vació recién después de unos cuantos bises.
Hace
un año, el Collegium Musicum estuvo a punto de ser desalojado de su sede
central en Palermo. La tradicional institución, creada en 1946 para acercar
la música a gente de todas las edades, arrastraba una crisis financiera
que la puso al borde de cerrar las puertas.
Apenas
se conoció la situación a través de los medios, numerosos
ex alumnos -ahora músicos prestigiosos-, legisladores y funcionarios se
movilizaron para salvarlo. "Hemos mejorado mucho a partir de los apoyos del
año pasado, a lo que se suma este concierto", señaló
a Clarín su presidente, Ricardo Grätzer.
Un
público no muy joven -salvo en las butacas de galería y paraíso-
y varias familias con chicos, en su mayoría con ropa informal, llenaron
la sala en un clima alejado de la solemnidad. Los aplausos cerrados entre los
movimientos del Doble concierto en Re menor de Johann Sebastian Bach, en especial
hacia los concertinos Fernando Hasaj y Pablo Saraví, revelaron que muchos
escuchaban por primera vez música clásica en vivo.
El
encantador Divertimento N° 1 en Re mayor de Mozart hizo crecer el entusiasmo.
Como cierre de un programa ecléctico y atractivo, la Camerata eligió
las Danzas rumanas de Bela Bartók.
Tras
el intervalo, una ovación recibió a Les Luthiers. Quizá pocos
espectadores supieran que uno de sus integrantes, Carlos
López Puccio, pasó en su adolescencia por las aulas del Collegium
Musicum, como también lo había hecho el fundador de la Camerata,
el violinista Alberto Lysy.
En
un escenario que concentra los ecos de toda la historia de la música lírica,
sinfónica y de cámara, las alusiones y los gags de Les Luthiers
subrayaron su validez. ¿Cuántos pianistas famosos soltaron escalas
y arpegios que el grupo argentino metamorfoseó en la "sonata a la
carta" Para Elisabeth? ¿Cuántos conjuntos corales de música
antigua inspiraron el "cántico enclaustrado" Educación
sexual moderna?
Una
vez más, el profesionalismo y la calidad musical de Les Luthiers justificaron
el doble sentido de la Serenata tímida. Y sólo quien conocía
de memoria la "música en serie" Quién mató a Tom
McCoffee pudo aguantar la risa y festejar el virtuosismo de Carlos
Núñez Cortés al piano.
La
fiesta se convirtió en un privilegio para el público cuando ambas
agrupaciones se unieron para recordar uno de los primeros éxitos del conjunto
humorístico, el Concerto grosso alla rustica, que nunca llegó a
interpretar en vivo.
Desconcertados
y divertidos, los miembros de la Camerata tuvieron antes que soportar que el luthier
Daniel Rabinovich diera la mano no sólo
al concertino, sino también a todos los primeros atriles, incluido un beso
a la violista Marcela Magin. Después, el "concertino puneño"
que mezcla un aire a Vivaldi con ritmos de huayno fascinó por igual al
auditorio y a los músicos.
No
fue la única pieza conjunta: el fragmento de la ópera La hija de
Escipión fue acompañado por la Camerata y por instrumentistas de
vientos invitados. Tríos masculinos y pasajes de coloratura a cargo de
Rabinovich multiplicaron risas y prepararon los aplausos para varios bises por
ambas partes.
Convivieron
así La muerte del ángel de Piazzolla y el bolero Perdónala,
el último movimiento de otro divertimento para cuerdas de Mozart y la zamba
Añoralgias. Después de 30 minutos de yapas (habían pasado
dos horas y media), hubo que bajar el telón y apagar las luces del escenario
para que los espectadores aceptaran dejar sus butacas. No muy convencidos, pero
de buen humor.