Me
rechazas con gesto adusto,
estás disgustada quizás,
con
el tiempo aprenderás
a vivir junto a mí... a disgusto.
No
pretendo en absoluto,
ya que estás tan indecisa,
que respondas
muy deprisa:
¡dispones de medio minuto!
CORO:
Él la ama cual brisa fresca,
la ama con tierno y dulce querer.
CN:
Y yo, cuando amo a una mujer
¡me gusta que me obedezca!
DR:
No, tranquilizate, dale tiempo
CN:
Está bien, lo voy a intentar, lo voy a intentar. Música, maestro.
Me dices que no me quieres,
que espere, no sé hasta cuándo,
yo te sigo implorando,
pero ¿quién... te crees que eres?
¡Es que la voy a moler a palos!
DR:
Carlitos, vení para acá, vení para acá.
CN:
Baja, no digas que no,
baja y apaga este fuego,
baja, baja, te lo ruego,
¡o bajas tú o subo yo!
DR:
¿Cómo vas a subir, cómo vas a subir?
CORO:
Fue un enfado involuntario
pero no volverá a suceder.
CN:
Es una infamia pegarle a una mujer,
¡salvo que sea necesario!
DR:
¿Cómo va a ser necesario? No...
CN:
¡Música maestro!
Cuando en mi mente se agolpe
cual
tropel la poesía
lograré que seas mía
verso a verso...
¡golpe a golpe!
Entrégame tu corazón,
entrégate,
amado baluarte,
pues al fin, vas a entregarte:
¡tenemos rodeado
el balcón!
DR:
¡No, no! No tenemos rodeado el balcón, no hemos rodeado ningún
balcón...
CN:
¡Momentito!, ¡momentito!, la señorita me acaba de sonreír,
¡ja, ja!, ahí tenés, y me hizo un gesto de que espere
DR:
¿Que esperes qué?
CN:
¿Y esto? (entra un asistente que le entrega a CN una carta) ¡Me
mandó una carta! ¡Una carta de Cristina García!
CORO:
Que final tan estupendo,
la alegría lo desborda.
CN:
¿Qué es lo que vende?
no le entiendo,
discúlpeme,
pero soy sorda.