JM:
Me sentía tan solo
que sufría y sufría
mi trabajo en
el teatro
no me daba alegría.
CN:
Alegría Pepe.
JM: Mis amigos trataban
en mis días
más tristes
de brindarme consuelo
con sus bromas y chistes.
Y de pronto una noche
retornó mi alegría
irrumpiste en mi
vida,
te llamabas María.
Descubrí tu figura
desde las
bambalinas
derrochando hermosura
entre las bailarinas;
vi tus labios
ardientes
y tu andar elegante,
tu mirar atrayente,
tu cabello abundante.
Al
tratar de acercarme
para saber tu nombre
te encontré discutiendo
con
aquel otro hombre.
Cuando ya te marchabas
ante ti aparecí
te
conté que te amaba;
te reíste de mí.
Pero
al verme sincero,
me pediste perdón;
de rodillas juraste
darme
tu corazón.
Te pedí mil disculpas
por mi torpe irrupción;
y
tú llorando insistías
en pedirme perdón.
Me
contaste de aquel
que en el teatro te hablaba,
hombre sórdido y cruel
al
que antes amabas.
Era el jefe de escena,
hombre pérfido y bajo
que
lograba de ellas
amor por un trabajo.
Sentí
una gran pena,
sentí rebeldía,
y como eras ajena
sentí
una profunda dicotomía.
Te ofrecí, ya en el parque,
un
vivir diferente,
tú callada mirabas
las estatuas y fuentes.
Y
al cesar tu recelo
nuestros labios se hallaron,
las estrellas del cielo
más
intensas brillaron...
(el
cantante espera que se iluminen luces sobre el escenario)
las estrellas
del cielo
más intensas brillaron...
(el cantante mira hacia
arriba)
y entonces... Francisco García
encendió las
estrellas del cielo...
(no se encienden las luces)
La
noche estaba oscura,
nos sentamos muy juntos,
pasé mi mano derecha
por
debajo de tu brazo izquierdo
mientras tú apoyabas tu cabeza
en mi
mano derecha
que yo había extendido
con la palma hacia arriba
y
algo flexionada.
Y
en ese momento,
y en ese mismisimo momento,
te pedí que dejaras
esa
vida vacía, no, no,
Ay! que a ese hombre olvidaras
y
que al fin fueras mía...
(se apagan todas las luces)
Y
mi vida fue otra
cuando al fin fuiste mía
y dejaste a ese idiota
de
Francisco García.