DR:
Buenas noches queridas amigas... y amigos. Cuando uno es un cantante popular,
de fama internacional, como yo; un ídolo fulgurante, vamos; quizás
lo mas difícil es conservar la modestia. Y es inevitable que los periódicos
y las revistas se hagan eco de mil romances, de mil locas aventuras... eso provoca
muchas envidias. Los que no me conocen andan diciendo por allí que soy
un tonto, un imbécil; imagínense los que sí me conocen. Yo
soy un pícaro, un seductor, un vagabundo; y como buen vagabundo no puedo
echar raíces en ningún lado, como ya lo digo en aquella hermosa
canción... que me pertenece:
Jamás
ninguna mujer, podrá retenerme a su lado, ¿qué le voy
a hacer?, no puedo vivir atado, no puedo, vivir atado.
No
puedo vivir atado. Por las mañanas, cuando me miro al espejo... dos, o
tres horas; me pregunto: ¿qué tendré yo para despertar tanta
admiración?; ya sé que sólo tengo un poco de simpatía
natural, una voz privilegiada, una personalidad arrolladora, un buen físico.
Al fin y al cabo soy un ser humano como cualquiera, de carne y hueso... ¡pero
que carne!, ¡que huesos!, ¡que cartílagos!, ¡que neuronas!... De
verdad, a diario me pregunto que tendré yo para despertar esa locura en
las mujeres, y en algunos hombres...en, en las mujeres... La culpa de todo
la tiene este pícaro y travieso corazón mío, como ya lo digo
en aquella hermosa canción, que le dedico a mi corazón... que me
pertenece: Su
ardiente y pícaro alarde, mi corazón no se explica, ardiente
porque me arde, pícaro... porque me pica. Soy
un pícaro, - oy, oy oy- qué picaro que soy; Siempre he
sido un pícaro, -uy, uy, uy- qué picaro que fúi.
Es
hermosísima, no es porque sea mía, ¿no? Pero es realmente
genial esta canción; estuve dos años pensando la letra de esta canción,
y he recibido varios discos de... devueltos de la disquera.... Pero así
como tengo un solo corazón y una sola neurona, ellos pertenecen solamente
a una mujer, y en esta noche tan especial, para todas ustedes, que tienen la inmensa
dicha de estar aquí... conmigo; a esa mujer quiero dedicarle esta hermosísima
canción que casualmente, también me pertenece: DR.
La quiero, la quiero... CORO:
Sí, es verdad DR:
Estoy enamorado... CORO:
Sí, es verdad DR:
Ella es mi pasión, mi vida, mi luz, mi sueño dorado CORO:
Sí, es verdad DR:
La quiero, la quiero... CORO:
Sí, es verdad DR:
Me tiene atrapado... CORO:
Sí, es verdad DR:
Ella ha sido fiel, enteramente fiel, y nunca me ha engañado... CORO:
(silbidos)
DR:
¿Qué pasa?... ¿qué pasa, por qué no cantan?...
la quiero, la quiero, sí, sí, es verdad... Si estuvimos ensayando
toda la tarde... ¿qué pasa, por qué no cantan?... ¿pero,
qué pasa? LP:
...pasó aquello con Roberto DR:
Con Roberto eran solo buenos amigos CN:
Sí, pero tuvieron un hijo... DR:
Debe haber sido un accidente, a cualquiera se le puede escapar un hijo... puede
tener un accidente. JM:
¿Y lo que pasó con Felipe? DR:
Con Felipe tenían una relación profesional. LP:
Sí, profesional, Felipe le pagaba DR:
La quiero, la quiero... CORO:
Sí, es verdad DR:
Pues ella es deliciosa... CORO:
Sí, es verdad DR:
Fue siempre conmigo, tierna y delicada, dulce y cariñosa... CORO:
¡Ja, ja, ja, ja!
DR:
Ah, ustedes deben estar pensando de aquella vez en que se enojó conmigo
y me dijo tonto... LP:
No, pensábamos en lo del cianuro en la sopa. CN:
Y aquella vez en que intentó atropellarlo con el auto DR:
Estaba aprendiendo a manejar. JM:
Sí, por eso no pudo atropellarlo CN:
...y se acuerdan de aquella vez que se fue y lo dejó atado a la pata de
la cama? CORO:
¡Ja, ja, ja, ja! DR:
Bueno ¡basta!, que por eso la tuve que dejar; como ya lo dije en aquella
hermosísima canción... que me pertenece: Qué
le voy a hacer, no puedo, vivir atado.
|  |