Notable
progreso de Les Luthiers, mucho más que un mero guiño para melómanos
Carlos
Ulanovsky. La Opinión, 4 de junio de 1972.
En este recital, el grupo presentó tres novedades reconstituyentes
de su flanco más vulnerable: la escasa renovación del repertorio,
la repetición a ultranza de su graciosa rutina. En la primera parte
estrenaron la Chacarera de Santiago, firmada
por un tal Rudecindo Luis Santiago. En la segunda, ofrecieron en primer programa,
el Concierto para piano y orquesta, de un ignoto
Serguei Dimitri Mpkstroff y una creación notable: La
bossa nostra, cuya autoría se le atribuye al brasileño Lampinho.
Incluyeron dos conocidos, efectivos retratos, el Bolero
de Mastropiero y Pieza en forma de tango, de Mario Abraham Kortzclap. Pero
no solamente esto. También ofrecieron, a lo largo del excelente espectáculo,
un humor de alto nivel, finamente entrelazado con la habitual sorprendente sabiduría
musical. En esta compleja ciencia de hacer sonar, como instrumentos reales, a
extraños objetos que no lo son, se destacaron preponderantemente en el
Concierto para piano y orquesta. Pese a muy esporádicas incursiones en
la veta más gruesa del humor, Les Luthiers continúan respetando
una línea en donde priman los pequeños gestos, las miradas, los
gags apoyados más en lo que sugieren que en lo que dicen. No deben arrepentirse;
consiguieron la aprobación de un determinado caudal de público (justo
es reconocerlo) sin haber caído en concesiones. La trayectoria de Les
Luthiers está en ascenso. Maduraron como realizadores (no les resulta fácil
crear nuevas obras con más asiduidad: es que cada una ya es un complicado
mecanismo de artesanía musical y de puesta en escena, el caso de la Bossa
nostra, una pequeña joya del género de la comedia musical) y maduraron
como intérpretes. En el país no tienen competencia, y, sin exageraciones,
bien podría calificárselos como una atracción de varieté
de categoría internacional. Estupenda, una vez más, la participación
de Rabinovich, el punto más alto en la tarea de actuación del conjunto.
Excelente el gag de López Puccio en el fraseo de la chacarera y a la altura
de una buena creación de los hermanos Marx la secuencia del bandoneón
que no suena, en el tango.
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