Teatro: Psicoanálisis
de Blancanieves
Revista
PANORAMA // Sep.1968
Blancanieves
cuenta al psicoanalista un sueño que ha tenido: estaba en el bosque mientras
unos músicos funambulescos producían extraños sonidos con
sus rarísimos aparatos ("Contrachitarrone
da gamba", "Máquina
de tocar", "Tubófono
parafínico", "Yerbomatófono").
Pero ella -previendo las peripecias del cuento- todavía no había
nacido, ni quería nacer. Era un modo de demorar las trampas de la celosa
madrastra y los mil peligros de debía enfrentar. En el bosque (en el sueño)
aparece Tarzán como figura paterna protectora. El mismo bosque es más
tarde la estepa siberiana donde unos cosacos antibolcheviques quieren seducirla.
Los siete enanitos no aparecen, pero en su lugar desfilan los siete pecados capitales...
La historia parece un sueño inventado por un insomne imaginativo.
Algunos
pueden pensar que se trata de una crítica al psicoanálisis. Pero
Marcos Mundstock (el autor) y Les Luthiers están más allá
de ese arrugado objetivo. El psicoanálisis es apenas un pretexto, una pauta
empezar a generar imágenes vistosas, chistes sonoros y verbales y en general,
un mundo vagamente juglaresco, vagamente marciano y muy personal.
Si por momentos
el experimento se parece a una estudiantina jocosa pero ingenua, eso no empaña
la totalidad de la empresa, cargada de finura, de estilo y de una alegría
que surge sin presión. Les Luthiers aprendieron la técnica de ser
graciosos son decir nunca: "Atención aquí va un chiste".
Les basta crear una atmósfera cómica y luego sumergirse en ella
con la placidez del pez en el agua. Tienen aire de músicos y artistas profesionales
pero, que es más importante, aire de poetas no convencionales.