"...Hace
unos años vino al antiguo y pequeño taller que yo tenía en
mi casa de soltero, un señor de baja estatura, poco pelo, más bien
gordo. Se presentó como Carlos Iraldi, el Luthier de Les Luthiers y me
hizo reír mucho con sus chistes. Luego me explicó con su manera
de hablar pausada, que quería construir un órgano portativo. Yo
hacía ocho años que me dedicaba a la restauración de órganos
y ocupaba el cargo de organero de la Universidad de Buenos Aires. Tal vez Iraldi
creyó por eso que yo era la persona adecuada para ayudarlo. Me dijo: "Quiero
construir un órgano portátil que el organista pueda tocar mientras
está caminando. Debe ser un órgano militar ya que acompañará
marchas y debe parecer un equipo bélico montado en una mochila de campaña.
Vengo a que me asesore y me diga cómo debo empezar".
Yo pensé:
"A éste le falta un tornillo".
Él
siguió impertérrito: "Tengo algunas ideas. El aire se acumula
en dos grandes globos y a medida que los tubos del órgano consuman aire,
los globos se irán desinflando. Los tubos deberán ser de un material
muy liviano porque los materiales convencionales como el estaño, el plomo
o la madera, son muy pesados y el organista (en este caso Carlitos Núñez)
se doblará en dos al cargar la mochila".
Varias veces me visitó
Iraldi, dando un sinnúmero de ideas y alternativas hasta que maduramos
el invento aceptando yo que hay formas no convencionales de construir instrumentos
y comprendiendo él que algunos detalles del proyecto no se podían
materializar. Y así construimos en su taller de Palermo y en mi casa, luego
de mi casamiento, un órgano que, si bien es un instrumento convencional(un
órgano de tubos), lleva materiales no convencionales que harían
parar los pelos de punta al mismo Silverman. Original también es la forma
de impulsar el aire: el mismo ejecutante infla los fuelles al caminar, lo cual
resulta visualmente muy cómico.
Paso a detallar el órgano: treinta
tubos tapados fabricados con lana de vidrio, con sistema de transmisión
electrónica por medio de un teclado instalado al frente de la mochila a
la altura de la cintura del ejecutante y las electroválvulas que dejan
entrar aire a los tubos se alimentan por una serie de baterías de pilas
eléctricas. Bajo los pies del ejecutante y fijados a la suela de sus borceguíes
militares se encuentran los dos fuelles que, como los de insuflar aire a los hogares
de leña, mandan el fluido mediante dos mangueras flexibles a un fuelle
que oficia de pulmón, conteniendo y manteniendo constante la presión
de aire. Este instrumento suena suave, dulce y con graves muy profundos y su sonar
es parecido a los órganos de "continuo" usados en las Cantatas
de Bach. Iraldi trabajó en él con mucho detenimiento. Los detalles
le eran muy importantes. Revisó varias veces las soldaduras de los cables,
usó tornillos de bronce, doble tuerca; se esmeró en el pulido de
los metales y los plásticos, pegó con sumo cuidado el cuero de los
fuelles, etc. El verlo trabajar me enseñó muchas cosas y mejoró
la calidad de mis futuras actividades..."
Carlos Merlassino (Organero)
"Carlos
Iraldi, Luthier de Sonidos"/Compilación Lucía Maranca